sábado, 20 de junio de 2015

Gentes: aprendan reírse de ustedes mismos

El capitalismo suele arrinconarnos
en los días especiales.

El primer éxito importante de este corto, fue con quienes actuaron o iban actuar.

¡Qué pasó! Por qué la gente le tiene tanto miedo a la soledad... O peor: por qué la gente le tiene tanto miedo a reconocer que está sola.

Por qué esta satanización de la soledad. Cuando Cerati dice que ´el diablo frecuenta soledades´, no se refiere a las soledades físicas, de ausencia de gentes alrededor. Cerati se refiere a la ausencia más bien de mundo interior, a una soledad personal frente a Jesús, a una soledad de gente que de verdad no tiene a Dios en su corazón.

Y por ahí va más bien el tema de ES DOMINGO. De un Lucas que en realidad está muy rodeado, de gente que tiene: de una familia pendiente de él, acaso de una pareja estable, de un par de amantes en el teléfono, de un montón de amigos y de alguna poca de popularidad, pero que en el fondo él sabe que su vacío es espiritual.

Conozco un montón de gente que van a las iglesias, a fútbol, a cine, a centros comerciales, a bares, a parques, a yoga, al gimnasio, a cholulear en eventos, están en familia todos los días, llenan la casa de gritos y viven como secuestrados en sus propias vidas, sin nadie adentro de ellos mismos en realidad, como atrapados en una especie de redada de ecos vacíos, como que sienten que se ahogan, (como Lucas), y que nadie puede salvarlos. El capitalismo es una fábrica de soledades, quien lo niega.


Sin embargo, nadie leyó el guión por ese lado, y sin embargo todos le copiaban. Siempre supieron que la historia les hablaba, la historia de ES DOMINGO le habla a todo el mundo, porque en el fondo todos estamos solos, es una cuestión sistemática, insertada en la cultura, en el modelo, en el paradigma competitivo que nos tocó vivir y que estemos llenos de distracción a esa soledad heredada es otra cosa.

 Era muy simpático ver que todos quienes me ayudaron trataran de dejar claro que ellos, en la vida real, no estaban solos. Vi a muchos (mucha gente quiso actuar aquí) tratándose de convencer de algo que no era más que un rol, un papel y que ellos no eran como Lucas, el personaje de ficción.

Al final, Steven quien interpretó el papel y que es mi hermano del alma, fue el que mejor se supo reír del tema. El tipo ya no tiene tiempo en la vida para leer o para crear, (que son las mejores formas de estar solo sin sentirse solo), pero todavía se sabe reír.

Steven es el tipo de persona que cuenta chistes de sí mismo y no espera que nadie se ría de ellos. Él simplemente se ríe a las carcajadas de sí mismo. Siempre ha sido así toda la vida. A diferencia de los anteriores candidatos a actores, Steven nunca la cogió a hacer chistes contra el director. Ni nunca tiró a lucirse en público, banderiando a los demás (un gesto tan santiaguezco. Sí, increible pero cierto, cosas que no vemos en la obra de las personas). Pero Steven hizo chistes todo el tiempo. Creo que a la larga, la interpretación del papel le hizo pensar muchas cosas de sí mismo y su nobleza radica en que siempre sabe darle la vuelta a esas cosas. Los dos venimos de un barrio donde aprendimos a reírnos. Si no nos reíamos teníamos que terminar como los sicarios: llorando por todo. Y si nos reíamos de los demás, podíamos terminar con un tiro en la cabeza. Entonces nos teníamos que reír de nosotros mismos, como en un efecto espejo nos poníamos el uno enfrente del otro y empezábamos a hacer chistes. Le doy gracias a Dios que este corto nos haya dado la oportunidad de recuperar esas risas al menos por un día.

Es acaso ES DOMINGO YNTAN una película sobre alguien riéndose de sí mismo ¿?

Tal vez. Lo que pasa es que aquí nadie va a entender ese chiste. Aquí somos demasiado melodramáticos, escolásticos, todo lo que sea humor nos parece pecado. ¿Humor en el cine? Dios nos libre. Estamos en guerra ¿recuerdan?


No voy a entrar en detalles, pero siempre hubo un miedo al título de la película. La gente recibía el guión en los primeros días, hace mas de un año ya, y decían: ´uy, qué título´, y entonces se largaban a leer el guión completico. Muy pocos escritores corren con la suerte de que la gente del común les lea sus guiones. Menos en Colombia. Aquí la gente ya no lee ni siquiera medio libro al año. Por eso este corto siempre ha sido un éxito para mí.

La última persona que me dio un parte de victoria, fue Luis Carlos Raigoza de Comfenalco, el jueves pasado. Antes de irme le regalé una copia de la película. Miró el DVD, leyó la carátula y dijo, entre carcajadas: ´UY, QUÉ TÍTULO, JAJAJA´.

Gentes: aprendan reírse de ustedes mismos, primero para que no tengan que reirse de los demás, segundo para que nunca dejen que se rían de ustedes así tengan que perder amigos y tercero porque es la mejor manera de estar solos, para cuando se den cuenta de lo realmente solos que están y para cuando necesiten estar con gente alrededor y no sentirse tan miserables. Y no lo olviden: el de arriba siempre nos acompaña.








Más encuadre que lenguaje

La película tuvo su primera prueba de fuego importante. Por primera vez se presentó en un auditorio y por primera vez en una pantalla grande y en unas condiciones de proyección no muy idóneas: había una luz encendida al lado de la pantalla, entonces la imagen no se veía en todo su esplendor pues la atmósfera era de semi oscuridad, no de oscuridad absoluta (era un evento de literatura, no de cine).


Sin embargo la atención fue absoluta. Era un regalo que le quería hacer a los amigos, a los que me han leído, me han respetado y a quienes quisieron acompañarme en el proyecto de mi primera - y tal vez única - novela en papel.

El caso es que aprendí otra cosa del corto. Todos los días me enseña algo. Y es la importancia del encuadre. Cómo el lenguaje cinematográfico mismo empieza en el fotograma.

Más allá de la yuxtaposición de tomas, más allá del montaje de estructuras complejas, el montaje empieza en la composición fotográfica. La gente salió fascinada con las tomas, con la captura de paisajes y la película se dejó ver una vez más.

Una de las cantaletas que más les echo a mis estudiantes es que aprendan a manejar ley de tercios, una técnica muy primaria, básica si se quiere y obvia.

Sin embargo, yo nunca la pongo en práctica, excepto en ES DOMINGO YNTAN. La ley de tercios me ayudó a subsanar las deficiencias de iluminación y de cámara. Y funciona de alguna manera.

La comunión alrededor de amigos funcionó. La idea es que la película no sea pública todavía. No lo es. Quizá tengo miedo. Miedo a que la vea gente que no se lo merece, gente que no la vaya a entender, a que no la vea nadie y/o peor, que la vea mucha gente y que, como algunas herramientas, caiga en algunas manos equivocadas.

En este caso, la vimos por primera vez en grupo (siempre la hemos visto yo y otra persona, nunca más de dos personas al mismo tiempo) y no un grupo enterado, era gente de la poesía, de la literatura, pero no de los audiovisuales.

Como era una reunión de amigos y amigas (fueron 10 personas conocidas y 3 desconocidas), yo esperaba que fueran muy generosos con la novela, como realmente lo fueron - más de la cuenta, me parece a mí -.

Pero no esperaba que las piezas audiovisuales mostradas (un trailer sobre el documental de la Buerta y ES DOMINGO) despertaran tantos entusiasmos. En una cultura audiovisual donde somos tan exigentes, donde pedimos que los productos sean tan buenos como los gringos o los de afuera, tendemos a tener problemas de comunicación con los propios. ES DOMINGO Y NO TENGO A NADIE ha logrado comunicarse, entonces.

Lo mejor es que es no fue la gente del fajardismo o la gente que está acostumbrada a ir a estas cosas culturales por lagartear, que uno sabe que están en el medio por enriquecerse, por vivir del cuento, por ser parte de un mundillo o porque le deben a alguien un favor y/o resonar junto al cotarro local.

He aquí unas fotos de la previa a lo que fue este conversatorio entre Juan Esteban López y Raúl Jaime Gaviria, se dijeron cosas importantes (como que ´antes esa biblioteca antes vivía llena y ahora desierta por efectos del internet´sic), cariñosas, sin intereses creados de por medio, sobre literatura en general, sobre el arte de narrar y no necesariamente sobre DOS NOVELA CRUZANDO EL CIELO. De paso, realzar esa plaza abierta que es Comfenalco, sin taras burocráticas de ningún tipo, para todos los narradores de la ciudad:

 


Teaser documental POETAS DE LA BUERTA:















martes, 16 de junio de 2015

jueves, 11 de junio de 2015

Más sobre las periferias...mmmmmmh...

1. Saludar a desconocidos por la calle no da miedo

En la ciudad tenemos la mala costumbre de evitar por todos los medios el contacto visual con los transeúntes. Cuando vamos por la acera, no tenemos visión periférica. Solo existes tú, lo que está justo delante de ti y los cordones de tus zapatos (a los que os miráis a los pies para no tropezaros... me declaro culpable). Llegamos incluso a mirar nuestros mensajes inexistentes en el móvil o a buscar en el bolso algo que no necesitamos. Todo para evitar un potencial segundo o dos de contacto visual. Bueno, ¿quieres saber qué pasa en un mundo en el que la gente intenta establecer contacto visual? Que dices... HOLA. Una locura, lo sé. Cuando llegué a Fregenal me confundía por qué todo el mundo me decía “hola”, “adiós” o “buenas” al pasar. ¿Me conocían todos? ¿Nos habían presentado sin darme cuenta? Estaba muy confusa, y quizá hasta me resultaba un poco inquietante. Ocho meses después, le digo “hola” a todo el que se me cruza. Como si es un abuelito con un bastón al que le falta un diente (hay muchos de esos aquí), o dos adolescentes cotilleando en español a la velocidad de la luz... les caerá un gran HOLA. ¡Y hasta una sonrisa! Porque ¿sabes qué? Sí que te alegra bastante el día.

2. Lo que sea que necesites AHORA puede esperar

Los que somos de la acelerada Nueva York, si queremos algo AHORA, lo tenemos. Y si no... Bueno, mejor no te cruces con nosotros. Esa era la mentalidad tan impaciente que tenía hace tan solo 8 meses. Y fue una de las cosas que más me costó cambiar. Tanto si tardo unos dos días entre lavar y secar la ropa, como si el cajero decide ponerse al día con toda la vida de la clienta que va delante de mí, o si el camarero se olvida de mi existencia... lo que sea, lo conseguiré. Al final. La paciencia es realmente una virtud, y no vale la pena subir mis niveles de cortisona por conseguir nada 5 minutos antes.
Oh, ¿me ha llovido en el pijama? Supongo que puedo esperar 4 días más...

3. Un horario fijo de comidas es lo mejor del mundo

Y aquí, es el único horario que existe. Como te lo cuento, ¡las prioridades de la gente de aquí son las correctas! No, en serio. ¿Recuerdas cuando llevaba un mes aquí, que escribí aquel artículo sobre los horarios de las comidas y las siestas? En ese momento lo odiaba. No, lo despreciaba. Lo recuerdo como si fuera ayer -eran las 7.30 de la tarde y quería un bocadillo. Así que, como haría toda persona hambrienta con algo de lógica, fui a un restaurante y pedí un bocadillo. ¿Sabes lo que me dijeron? NO. No podía tener mi maldito bocadillo. EH PERDONA LA ÚLTIMA VEZ QUE LO MIRÉ ESPAÑA ERA UN PAÍS LIBRE. Bueno, lo es, mientras no intentes meterte con sus horarios de comidas. Porque las 7.30 es la hora “del café”, y con el café no hay bocadillos. Solo galletas. Espera a las 9.30, la hora de la cena, me dijo. Bueno, vale, si quieres ver desmayarse a una chica...
¡¿Las 7.30 de la tarde?! Supongo que me tendré que comer una galleta...
Tardé unos siete de mis ocho meses aquí en comprenderlo. Pero he llegado a apreciarlo, e incluso ha llegado a gustarme. La hora de comer es tan estricta porque comer es una actividad que las personas hacen juntas. Es un momento para sentarse con las personas a las que quieres, compartir comida, conversación, y hacerlo de forma relajada. Y el horario no te deja otra opción que hacerlo. Lo que me lleva a...

4. Si compartes comida, no te morirás de hambre

Como producto del mundo occidental que soy, era muy territorial con mi comida. Era como un animal en la selva; tocas lo que hay en mi plato, te arranco la mano de un mordisco. Y si es el mejor trozo, adiós a tu cabeza. Bueno, pues si quería hacer amigos, me di cuenta de que tenía que cambiar esta mentalidad. Y rápido... La cultura española de las “tapas” gira entorno a compartir. Por lo tanto, no hay ningún tipo de límites en cuanto a tocar el plato del otro. ¿Recuerdas cuando un camarero se comió un pescado de mi plato? Me quedé en shock total. Pero en realidad no está tan fuera de lugar en la cultura española. Compartir es querer, y la comida es un placer; así que compartir comida es un placer. ¿Y lo más increíble de todo? He llegado a creérmelo de verdad. Mi nivel de estrés ya no se dispara cuando te veo acercar la mano a mi plato. Así que, amigos americanos, buenas noticias... cuando vuelva a casa, podréis comer de mi plato. E incluso el mejor trozo. Mientras yo pueda coger el vuestro.
Eh perdona, creo que se te ha perdido una mano en mi plato... Muerdo

5. La diversión no acaba cuando cumples los 30. O tienes hijos

El verano pasado, trabajé para una campaña de márketing estadounidense cuyo eslogan era “ya dormirás a los 30”. Era una marca de licor que promocionaba la idea de los 20 son para divertirte, y a los 30 acaba la diversión. Esta es básicamente nuestra mentalidad en Estados Unidos. Después de graduarme en la universidad, recuerdo estar sentada en el sofá de mi piso con mis 4 mejores amigos. Estábamos llorando a moco tendido, lamentándonos porque se nos acababa la diversión para siempre... LOL. ¡¡¡Teníamos 22 años!!! En EE.UU. tememos hacernos mayores porque con la edad llega la responsabilidad, más “reglas sociales”, y menos diversión. ¿Pero por qué tiene una que influir en la otra? En mi pueblo es todo lo contrario. De hecho, la gente más desmadrada que he conocido aquí tiene más de 40. ¿Y el rey de las fiestas? Tiene 50 años y tres hijos. Fuera prejuicios. La vida está para divertirse. ¡Y mi vida acaba de empezar!
El rey de las fiestas, obviamente

6. No hace falta emborracharte para divertirte

A lo mejor esto es por lo que los españoles pueden divertirse toda la vida. Me gradué en una de las universidades más fiesteras de EE.UU. La mentalidad era que si no podías beber, no salías. O chupitos o agua. Una noche de fiesta normal en América va así:
2 horas después...
Chupitos de alcohol antes del partido. Cuando estás lo bastante borracho, ir a un bar. Beber más. Después, ir a la discoteca. Más chupitos. Al borde del desmayo. Triunfo. Ir a casa.
MAL MAL MAL. GENTE. ¡¿QUÉ FUE DE DISFRUTAR DE LA COMPAÑÍA DE LOS DEMÁS?! En serio. La gente de mi pueblo bebe. Pero no para emborracharse. Para socializar. Y si pasa que te emborrachas, pues pasa. Pero a un ritmo natural y humano. Eso explica por qué la gente en EE.UU. dura hasta las 2 de la mañana, mientras que aquí la gente sale hasta el amanecer. ¿Y lo mejor? Puedes ver el amanecer con tus personas favoritas…

7. No hay nada más bonito en este mundo que una puesta de sol española

Sin palabras.

8. El español es mucho más sincero

Sí, he aprendido a hablar español con soltura. Pero lo que es mejor, he aprendido a hablar con sinceridad. No hay forma de andarse con rodeos en español. Un chico gordo es un chico gordo. No está un poco rellenito, está gordo y ya está. Lo sabe él, lo saben sus padres, y no pasa nada. Uno de mis alumnos respondió de verdad a “¿Cómo estás hoy?” con “Estoy gordo”. LOLOL. ¡Pero lo sabe! Y pasa lo mismo con los negros, que se llaman negros. No hay un nombre “políticamente correcto”, como “afroespañoles”. La gente aquí es sincera consigo misma, probablemente gracias a lo sensual del idioma. Deja de ir de puntillas culturales y simplemente dilo.

9. Lo que importa es la gente

Hay nueve restaurantes, dos bares “guays” y dos tiendas de ropa en mi pueblo. No hay cines, ni centros comerciales, ni discotecas. Mi piso no tiene secadora, ni calefacción, ni aire acondicionado, ni horno. Y he pasado uno de los años más increíbles de mi vida.
Una tarde de febrero, perdí mi cartera. En menos de 5 minutos desde que me di cuenta, el pueblo entero entró en alerta. Las madres de mis alumnos salieron pronto del trabajo para buscar por las calles, el director del colegio paró las clases para ejecutar una búsqueda y rescate, y la policía vino A MÍ. Tres meses después, todavía me paran desconocidos por la calle para preguntarme “¡Casie, hola! ¿Has encontrado tu cartera?” No, María, no he encontrado mi cartera, pero gracias por preguntar...
Esta gente es increíble de verdad. Pero INCREÍBLE. Al ser del área metropolitana de Nueva York, estoy acostumbrada a que la gente viva por y para sí misma. Si perdiese la cartera en la Gran Manzana, me llevaría muchos “¡oh, vaya, pues qué mal!”. Mi mayor shock cultural en Fregenal fue la impresionante sensación de comunidad. La gente se preocupa de verdad por los demás.
Nunca he conocido a gente tan acogedora, feliz y genuinamente atenta en mi vida. Conozco a la gente de esta comunidad desde hace 8 meses; la mitad de los cuales, podía comunicarme a duras penas. Aun así, siento como si tuviera 5.000 nuevos familiares hispanohablantes (cursi a más no poder, lo sé. ¡Pero es VERDAD!)
He forjado amistades que sé que nunca olvidaré, con mayores y pequeños; un grupo increíble de 20 mejores amigos, una pareja de casados que regenta una piscifactoría, y un mejor amigo que ha sido mi Ángel los últimos 8 meses. Y resulta que se llama Ángel... ¿no es IRÓNICO? Ah, ¿y lo más loco de todo? Todos estos lazos que he formado han sido en español.

Podría seguir hablando horas y horas. Pero voy a acabar con este (ñoño) pensamiento final:

La lección más importante que he aprendido es que la felicidad no tiene que ver con el dinero. No tiene que ver con el bar pijo o el restaurante de moda. Sino que está en la gente con la que la compartes. Está en la gente que se sienta a tu mesa. Dónde estéis no es tan importante.

miércoles, 10 de junio de 2015

Más afuera que adentro

¿El campo? ¿Ese lugar donde los pollos se pasean crudos?
JULIO C.

Escribir es un arte peligroso, dicen por ahí. Narrar más. Contar historias, ¿para qué sirven?, para mucho y para nada. No lo digo yo, lo han dicho los maestros a lo largo de los siglos.

El tema es que quien narra, no puede dejar de hacerlo, nunca. Yo, ahora, lo hago con imágenes, es lo único que me interesa, en el software de edición y con mis dos pequeñas cámaras.


Hace años que me picó el bicho del cine, como me advirtió hace muchos años Carlos César Arbeláez (Los Colores de la Montaña).

Y si en rigor no he hecho cine, cine, creo que ES DOMINGO YNTAN se acerca mucho a mi idea de lo que espero de él.

De todos modos, hay narradores que no soportan lo que sus historias le empiezan a decir, como quien no soporta lo que un analista le hace nombrar en una sesión de terapia.

Yo hace años que dejé de escribir por necesidad, por salvarme, por sacarme mugres de adentro. Y no es que me sienta limpio ni mucho menos, pero lo que cuento hoy en día se acerca más a un oficio que a un desahogo. Hay novelas y cuentos míos que me da pena leer y no precisamente por malos. Aunque queda a potestad del lector hacer ese juicio (todavía me encuentro con amigos del pasado, quienes me recuerdan por la calidad, según ellos, de ciertas piezas que a mí me producen pudor psicológico).

Hay gente que le gusta hacer documentales porque es un camino corto. Quizás en los documentales los personajes ya están hechos, sólo hay que perseguirlos por la calle, con una cámara al hombro o con una libreta de apuntes.

Hacer ficción en cambio es el camino largo y el camino largo a casa, a la propia, a la de nuestra infancia. Esos narradores de personajes hechos, tal vez les da pereza dar la vuelta alrededor de sí mimos. O miedo.  Ya, que algunos avivatos quieran llenar de misterio el género del documental para justificar su vivivir-del-cuento desangrando a los estados, es otra cosa.

Todo esto para decir que ES DOMINGO YNTAN me ha revelado muchas cosas de mí, que no sabía, como pasa con los sueños que, según Freud, son una expresión de los miedos y los deseos propios.

Por ES DOMINGO YNTAN me he dado cuenta de que no pertenezco a Santa Elena y nunca voy a pertenecer. Tampoco es una noticia nueva. Ya lo había escrito antes. Pero el cortometraje me ha mostrado las razones profundas.

Primero está esa superioridad moral que le da, a la gente de la ciudad, venirse a vivir a los suburbios en el sentido más gringo del término: esas gentes que creen que van a ganar un estatus intelectual o político porque tienen el valor de enterrarse en la jungla. Eso es apestoso. Tal vez, darme cuenta de que yo fui uno de éstos, resulta más apestoso todavía. Hoy en día pensar en verde, en ambientalismo, es el nuevo pertenecer a una élite de clase media como lo fue en los 60 pensar y vivenciar las ciudades.

El caso es que, estas gentes, que se vienen en los puentes, o en las vacaciones, provenientes de la ciudad, a sentirse un poco campesinos por obra y gracia de un poder de adquisición, me producen terror. Un miedo a esa Colombia que se niega a salir del fundamentalismo medieval, cuasi primitivo y que se ve identificado con el miedo a lo que es Colombia en general, miedo, pánico. Al país. A esa cosa amorfa de asentamientos humanos donde todos su miembros están llenos de rabia, de rencor.

También están los esnobs, como el personaje de mi corto y que es el que más terror me produce. Gente con cierta sensibilidad artística y con mucho talento, acaso académicos emergentes, que vienen a encerrarse en una cabaña de madera, con el único fuego existencial de una chimenea.

ES DOMINGO YNTAN me ha telegrafiado, definitivamente, que no quiero ser eso. Nunca lo he sido. Yo fui criado de otra manera. Como Woody Allen, con UN CINE  SIEMPRE CERCA. ¿Cómo hace la gente para sobrevivir sin un cine cerca de la casa?

  Me gusta la idea de salir tarde en la noche sin el riesgo de caerme en  una zanja o de doblarme un tobillo en medio de la oscuridad del bosque y poder encontrar algún bar abierto para tomarme un trago y picar algún bocado aunque sea de empanada o chorizo. En Santa Elena el mundo muere a las 7 pm de la madrugada.

También está el tema de la movida artística, así no sea que estemos en Madrid o en Nueva York, así sea Medellín, (la cual no es que sea la gran metrópoli, pero allá al menos circulan las ideas, hay interlocución en las esquinas, un amago al menos de civilización, una poca menos de probabilidad de tner que lidiar con la Colombia del siglo 19 en la mentalidad de un primitivo; una suerte de oportunidad para irse a la cama tarde en la noche), me parece fundamental no enterrarme en vida como pasa mucho en Santa Elena, como pasa como el personaje de ES DOMINGO, un ermitaño con tendencia a la introspección, oxidándose intelectualmente, carcomido por la manigua paradisíaca y las humedades de lo rural, como le diría Mutis a Gabo, algún día, cuando éste no se atrevía a salir de la paradisíaca Aracataca.

Informes que me llegan a diario de la película, por entregas, en la medida que reposa más y se deja reflexionar. Como dice la canción, contar historias es un riego que vale la pena correr, como quien se lanza en un parapente al vacío de sí mismo: /Saltaste/, caiste/, /miraste/ fallaste/, /supiste/ /quién sos/... alguien que quiere estar más en el afuera que en el adentro.









lunes, 8 de junio de 2015

El arte de ser un entrometido

Una de las cosas que más me gustan del cine, es ver cómo sobrevive la gente.

No solamente cómo sobrevive desde el punto de vista económico, sino cómo sobreviven emocionalmente, cómo se las apañan para levantarse cada mañana y tirar del día, cómo jalar el carro de la existencia.

Sean las circunstancias que sean, a todo el mundo le queda difícil vivir. Por eso dice Bob Dylan en su libro CRÓNICAS, que ´uno debe ser amable con todo el mundo, pues a todos nos cuesta duro existir´.

Entonces yo me puedo pasar todo el día viendo películas y libros sobre la vida de las personas y si es en otro lugar diferente del que estoy mucho mejor.

De eso trata ES DOMINGO YNTAN. Historia de la supervivencia psicológica de un montón de gente y todo lo que conforma esa supervivencia: los ruidos que nos acompañan, las voces que nos hablan de cotidianidades menos triviales de lo que creemos, los animales domésticos que nos recrean el paisaje y esos flujos de conciencia que pugnan en nuestro interior.

Luego de editar esta película, me reafirmo en esa forma de ver el cine: en darme cuenta quiénes son los personajes de la historia, qué los rodea los conforma y lo modifica.

Si una película ahora no me muestra ello a profundidad, siempre me siento estafado.

martes, 2 de junio de 2015

Márgenes post-urbanos

´Si escuchas esto por ahí,
quiero saber de vos...´
FP

La reflexión del día va a cargo de una evocación. Se trata de unas palabras que me dijo una noviecita hace algunos años, tal vez de los años 90.

Espero que lea esto algún día y se sonría al menos. Me dijo: ´Uno siempre tiene que rodearse de gente que esté de su lado, por muy equivocado que esté y, paradójicamente, esa gente nunca resultan siendo ni tus amigos, ni tu familia ni la gente que se te acerca´.   

Palabras que resuenan, ahora, que al corto le empieza a ir mejor entre la gente de afuera de sí misma. Aunque la gente de adentro del proyecto la ha tratado bien ( hoy la vio el actor principal en pantalla grande y creo que se reconcilió del todo con la película.

Antes no estaba muy convencido, pero ahora lo está. Creo que cree que es una buena obra, convincente, bonita, atrayente, vendedora desde el punto de vista del paisaje).

Sin embargo siempre se dará esa cosa colombiana de atacar lo que nos es propio.

Somos violentos como dice la canción de Bajotierra, picosos, venenosos, sádicos con nuestros propios hermanos. Nos tiramos a matar. Al final nos ayudamos, pero a lo mal.

Entonces es normal que la crítica más dañina siempre venga del amigo que tenemos al lado, el que nos quiere.

Es normal que suceda en esta clase de proyectos y creo que en casi todos los iniciados dentro de esta,  la realidad nacional, hasta en la mejores familias: los colombianos siempre tiramos a destruir la organización, para ver si cae lo que está flojo.

Y me encanta generalizar en este tema, especialmente, pues la salud emocional de esta nación es una agua podrida echando vahos recalcitrantes.

Lo digo porque nunca habrá escapatoria. La película ya se hizo y resultó un desastre.

Pero, qué clase de desastre es éste donde la periferia simbólica de su accionar la entiende, la comenta.



La vio una diseñadora gráfica que anda haciendo una maestría en Eafit, la vi reírse, me dijo:

- Me dio mucha risa el contraste que hace el tema del zen con ese personaje.

- Tremenda pateada y esa voz en off tan pacíficamente hippie - , Me había dicho un historiador de la UN, que hace su maestría en Lingüística y Literatura, el hijo precisamente de la productora.

Otra fotógrafa, vecina de periferia, pero asistente permanente del epicentro eafitiense, también la criticó por ese lado, me dijo con evidente tono clasista propio de ciertos ámbitos académicos (en el fondo la crítica iba para mí):

 - Esa voz de el personaje está como muy de pillo, de sicario.

O sea: la romantizó sacralizando el imaginario. Volvió al personaje central un ideal de lo que debería ser el ermitaño típico de Santa Elena: un intelectual que habla pasito y se levanta todos los días a saludar el sol, despojándolo de toda humanidad.

O sea, según el estereotipo, el creador de montaña debe ser una figura cuasi religiosa que no puede permitirse untarse del mundo que lo rodea. Según ella, para eso nos venimos a vivir a la periferia: para volvernos cuerpos gloriosos a salvo de la sucia decadencia intelectual de Medellín y sus bárbaros (la mala noticia es que esos bárbaros ya se vinieron también pa´ acá y están comprando las propiedades que ya no quieren comprar en el Poblado).  Los que nos venimos al suburbio, en el sentido más anglo del término, nos hemos de purificar por acción y gracia del claustro que representan los extraradios.


Eso es muy bonito, esa visión romántica del outsider. Pero a veces se nos olvida que el outsider, físico o simbólico, es un loco encerrado en su desierto. Un jesucristo que ha terminado combatiendo diálogos con serpientes. Un yogadicto que sólo piensa en cómo arrancarle una buena tajada de capital al Estado y que es capaz de despedazar vivo a cualquier contrincante cuando de dinero se trata. Una fiera competitiva que mira a la ciudad desde su cueva dispuesto a lanzarse carrera abajo por su presa cuando se le ponga en su campo visual.

O sea, gracias a esa gente que se pilló de una de dónde viene ese elemento zen dentro de todo el contexto, es que puedo respirar tranquilo. Cuál es el guiño que se le hace a Santa Elena. Entender qué significa una cultura yogadicta en un mundo convulsivo y de dura supervivencia animal, (el cual no es más que puro y duro capitalismo).


 De seguro que, cuando la película ingrese a ese centro de la ruindad del cine paisa podrá ser ninguneada. De todos modos es un corto. Y un corto extraradiero. Casi que un corto de provincia, en la medida que se hizo por fuera de los radares del Festival de Cine de Santa Fe de Antioquia o todo lo que signifique legitimación estatal. Gentes, dos o tres, que saben no ser ruines sino con ellos mismos. Y eso que, quién sabe. También los he visto mandándose la puñalada a espaldas del otro.

Pero lo bueno es DOMINGO YNTAN es que es periférica hasta su concepción de movimiento. Esta hecha desde los márgenes y  por los márgenes para hablar de los márgenes, pero no los márgenes miserabilistas víctorgavirezcos. Otros márgenes: los márgenes post urbanos.

FADE OUT: en una próxima entrada, comentaré sobre el rollo con los actores que se empezaron a sentir aludidos con el personaje de ES DOMINGO, como si éste no fuera un personaje de ficción, con ese susto como si en realidad estuviera hablando de ellos.